Había un hombre

​Había un hombre. Al menos, solía haberlo. El color de sus ojos me fascinaba por alguna razón y su voz sonaba a melodía. A su lado, me sentía única y capaz de cualquier cosa. Lejos de él, melancólica y estúpidamente dependiente.

Había un hombre. Al menos, solía haberlo. Creí ver el océano en sus ojos y resultaron ser mis lágrimas reflejadas en sus pupilas. Su voz era un sonido, al principio melodía y al final un grito desgarrador. 

Un día el hombre se fue y yo le dije adiós.

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Había un hombre

Conversaciones ficticias

Llevo semanas hablando contigo en mi mente, confesándote una y otra vez lo que siento y prometiéndote que no me importa que no sientas lo mismo. Pero me importa. ¿Cómo podría no importarme que, mientras yo me ahogo en las palabras que nunca seré capaz de decir en voz alta, tú respires con normalidad? ¿Cómo no iba a importarme que no me buscaras con la mirada en una habitación llena de gente cuando mis ojos buscan los tuyos incluso en lugares donde no estás?

Ni siquiera en mi imaginación me quieres. Siempre imagino tu mirada de confusión, tratando de averiguar cómo puede ser que me sienta así, y tu ceño fruncido. Pero no puedes cuestionarte los sentimientos de alguien. No cuando son reales y me mantienen despierta de madrugada, no cuando me dejan sin respiración. No cuando son la única cosa que parece real sobre mi existencia.

Siento que estoy tratando de buscarte en un universo donde no existes, que por eso eres inalcanzable. Y solo espero que seas feliz en tu indiferencia e ignorancia. Al menos uno de los dos lo será.

Conversaciones ficticias