Un recuerdo mágico 

Era una noche de lluvia. El sonido de las gotas al golpear el suelo me relajaba, recordándome que estaba en verano y era libre. Yo estaba sentada en una butaca en la enorme terraza del apartamento. Había una suave brisa que hacía que algunas gotas de lluvia me golpearan en la cara, pero no me molestaba. De vez en cuando, se podía ver en el oscuro cielo un rayo a lo lejos. Esperabas uno, dos, tres segundos y oías el estruendo. Mi abuela y yo nos mirábamos en silencio y sonreíamos, encantadas por la magia del momento. Yo tenía apenas ocho o nueve años, esa edad en la que la magia todavía parece posible, y era feliz.

Un recuerdo mágico 

Había un hombre

​Había un hombre. Al menos, solía haberlo. El color de sus ojos me fascinaba por alguna razón y su voz sonaba a melodía. A su lado, me sentía única y capaz de cualquier cosa. Lejos de él, melancólica y estúpidamente dependiente.

Había un hombre. Al menos, solía haberlo. Creí ver el océano en sus ojos y resultaron ser mis lágrimas reflejadas en sus pupilas. Su voz era un sonido, al principio melodía y al final un grito desgarrador. 

Un día el hombre se fue y yo le dije adiós.

Había un hombre